jueves, 25 de octubre de 2012

RAGAZZO FORTUNATO

Sono un ragazzo fortunato/ perche no c´é niente che ho bisogno. +++++++++++++++++++++++ La vertigine non è/ Paura di cadere/ Ma voglia di volare/ Mi fido di te/ Io mi fido di te/ Eh! mi fido di te/ Cosa sei disposto a perdere/ Lorenzo Jovanotti
Roma, por estos días. El lunes fui al traumatólogo, con buenas expectativas. Vio las nuevas radiografías con signo positivo. Me hizo ponerme de pie, quitarme la camisa, y aflojó los "abrojos" del corset, y me lo quitó de un modo que descubría el secreto oculto de un mago. Voilà¡ En adelante solo debo usarlo cuando trabaje o haga algún movimiento que lo requiera. Ya puedo manejar, subir escaleras, trabajar y solo me queda alzar a Roma. Y empecé a nadar el martes pasado, despacito, pero ¡qué éxtasis!, volver a nadar. Un mes antes de lo planificado al inicio.
El largo día Ha sido un largo día, de tres meses. Empezó cuando me desperté en el hospital. Ahi me contaron mi nueva realidad, desde dónde empezaba. No fue una pesadilla, ni el tan mentado "garrón", o bajòm. Fue un momento triste, enterarse, pero duró lo justo antes de emprender el largo camino de la recuperación. Había mucho camino por delante, y lo mejor era emprenderlo cuanto antes. En honor a mis viejos, a Roma que me espera y con quien nos acompañamos tanto durante este tiempo. En honor a ese colchón divino que me sostuvo inconciente. Inconciente. El instante previo, que (ahora lo digo) sentí que algo me "chupaba" hacia arrbia. Fue tan fugaz que no se puede expresar en tiempo, y por eso me animo a dudar y a pensar que es mentira lo que digo. Pero me sentí protegido, a pesar de todo. Ya es hora de moverme, viví estos días de jubilado, de minusválido (no desarrollé ninguna capacidad especial), pero llegamos al momento grato, de gratitud. Por lo menos, no debo hacer fuerza. Por ahora, no más trabajos de peón. Peoncito, con esa mentalidad trabajé durante años (y volveré), multiplicado, aunque reforzaré mi posición de torre, desde la estructura, hasta la mirada, desde el margen con odo el campo a mi frente, aún sin poder quitarme la manía de los movimientos sorpresivos del caballo, y sí tendré más cuidado con los atajos directos que me propone el alfil. Algo no cambia: en mi casa sigo siendo el Rey, la reina es Marina, y aceche la princesa Roma. La vida está volviendo a la normalidad, y eso para mi es muy especial.
Tigres blancos de Bengala, a los 3 meses, en 2007.

viernes, 5 de octubre de 2012

EL PASO

Lo que aún me queda por dilucidar si con estos procesos uno se convierte en un generador de paciencia o simplemente consume la que ya tenía.
Andes, 2012

Ya estoy dando pasos, y ahora espero poder acompañarlos a ustedes. De a poco. Ayer caminé 6 cuadras, otra vez, y más por prudencia que por cansancio, volví a descanar. Los músculos antigravitatorios, que sostienen el torso, necesitan ejercicio. Pasos para adelante, a cuidar la naturaleza.

Sin arrepentimientos, vamos para adelante. Elegimos un camino y si hubiéramos elegido otro no estaríamos aquí, claro, pero tampoco hubiéramos vivido todo lo que nos hizo ser uno mismo. Por eso la conjugación condicional es obsoleta en muchos casos. El condicional puede llevar a un remordimiento estéril. En cambio, en este tiempo cobró protagonismo la virtud de la paciencia. Fue necesaria utilizarla día a día y seguir en cada paso. El primer paso fue pararse y caminar el 20 de septiembre, el segundo es llegar al 18 de octubre y empezar una vida normal. Luego vendrán otras metas. Lo que aún me queda por dilucidar si con estos procesos uno se convierte en un generador de paciencia o simplemente consume la que ya tenía.

viernes, 21 de septiembre de 2012

FOTOGRAFO

También es hoy el día del fotógrafo. Arriba mi padre en el Palazzo Raggio el día de mi casamiento en 2006.
Flor de Mburucuyá, Corrientes, 1995.

Hay algo que quiero recordar del día de ayer. Celebré toda la situación, en cuanto a poder ponerme de pie sin más inconveniente que la falta de costumbre, que disimuló los golpes recibidos. Celebré que la rehabilitación consista en recuperar paulatinamente los movimientos habituales. Y lo que más celebré, fue verla a Roma, a quien me aparecí en la sala de la casa y primero se petrificó, luego se rió de alegría y en seguida vino a tocarme. Cuando me senté, estuvo 10 minutos besándome el brazo desde el codo hasta la mano, riendo y bailando en torno a él.

Hoy, otra vez rió, y se me abrazaba a mi pierna, me besaba y me acariciaba. Eso fue impagable, hasta que en un momento me miró con su risita complaciente y dijo: "É gande papá".

jueves, 20 de septiembre de 2012

¡PRIMA VERA!


Mañana es 21 de septiembre, inicio del esplendor, lo que significa primavera. Amanecerá despejado, y aunque no hará calor, el sol calentará los espíritus de la estudiantina que deambulará por los bosques, parques y plazas de la ciudad.
Primavera de Arcimboldo 1573.

Hoy, hay algo nuevo que contar. Es la primera verdad, luego de tanto reposo. Estuve en el médico traumatólogo y vio las placas que tenían buena pinta, pero era preciso que las viera quien entiende. - Valió la pena esperar 2 meses. Se ve muy bien. -dijo. Me hizo parar, caminar unos pasos, y me senté en una silla unos minutos. Se sintió que tiraban unos musculitos, cosas raras, nuevas en la espalda, pero nada llegaba al dolor, solo pequeñas molestias. La primera vez en 60 días, después de hablar con los que saben y sacar conclusiones, fue mucho menos traumático de lo pensado. Parecía que acababa de despertarme y estaba medio dormido aún cuando me movía. O que me levantaba con un bruto golpe después de un partido de fútbol. Por supuesto que queda un largo camino por delante. El próximo mes puedo deambular por mi casa, sentarme a comer, pero luego volver a seguir mejorando bajo el cuidado de la naturaleza que se ocupa de mi cuerpo. Pasado el mes, podré, si todo sigue según los pronósticos ayudados con la cautela que aprendí a tener, realizar una vida normal, siempre con los cuidados lejos de los exabruptos. A partir del cuarto mes podré volver a nadar. Pero, al parecer, ninguna rehabilitación especial, sino una recuperación paulatina de mis hábitos. ¡qué lejos que estábamos! ¡qué cerca estuvimos! Ya se siente el calorcito, ya vuelve el esplendor.
Mono capuccino, Amazonia, 1997.
León, Swazilandia, 2004.

domingo, 9 de septiembre de 2012

MIRADAS TRANSVERSALES

Hola amigoa, gracias por acompañarme hasta aquí. Me quedan 12 días de cama, y luego hay que rezar para que pueda empezar una rehabilitación normal. Se hacen largas estas últimas dos semanas, de espera, que sé que podría moverme pero debo seguir inmóvil, que veo a Roma, resignada a no pedirme "upita", y peor yo a no hacérsela. En un punto venia bastante bien, con buena tonicidad, pero se ve que el cuerpo, luego de período se entrega, y me manda a remontarla del fondo. Igual estoy mejor, siento la columna bastante firme, aunque el colchón de aire se me clava, como la cama del faquir, en los músculos de la espalda que parecen churrascos de milanesa aplastados por el martillo de cocina. Habrá mucho que trabajar por delante, pero al menos ya no habrá miradas transversales: ustedes parado y yo acostado.

Enseñanza y moraleja no tengo para dejarles, quizás ustedes saquen las suyas. Pudo haberse evitado, tuve oportunidad de hacerlo también, por supuesto que nada fue consciente. Por lo tanto, menos hay consejos. A la vez es inútil recibirlos ahora, tarde, ni ayudan los consuelos. Solo mirar para adelante, con la mente fija en el presente que armará el futuro. Tengo una nueva oportunidad. Nunca creí necesitarla, con la que me dieron mis padres al nacer me sentí dichoso. Pero por los designios de la naturaleza, a la que pertenezco, que me protegió y me cura ahora, estoy aquí. Mientras nos visita Sri Sri Ravi Shankar, se me ocurrió ¡el karma!. Si tal, vez, pero si le causé un mal a algún energúmeno, este debía estar hace rato en el infierno. Nunca odié a nadie, algo mi madre dice sobre mi cada tanto. Pero sí seguro, hay cosas que dejé de hacer. Estaré atento a eso.

Soy feliz, tengo mi hija (¡hermosa!), podría escribir un libro (con estas páginas, aunque no es la intención), y en lugar de cortar un árbol debería plantarlo (aunque ya planté más de un árbol). Pero sigo mi ruta, que ahora es ésta, que en algún momento volverá a ser luminosa como antes. Mientras, ya nado en el rojo carmesí de mis entrañas en busca de esa luz, de ese susurro de vida, que será viento, mar, y risas de Roma. Un abrazo fuerte a todos, gracias de verdad por estar ahí, y por comprender y respetar, y especialmente por los buenos sentimientos que me ayudan a sanar. Cézaro De Luca
Mongolia 2008.

sábado, 8 de septiembre de 2012

MARINA, ¡MARINA!

Mitrovica, Kosova 2000. Pero quizás fue esta, la más importante de las últimas. En el 2000, entramos a Kosova con Marina. Lo peor había pasado en la región de los Balkanes, por una década, pero serbios y albaneses se disputaban este territorio, y ciudades como Mitrovica (léase Mitrovizza) quedaban partidas en dos, por un río, una calle o la presencia de los cascos azules. Por la ruta se veían casas semidestruídas, a las que le habían plantado la bandera albanesa, roja con su águila negra, emblema de la conquista Mitrovica estaba custodiada por franceses, pero nosotros fuimos con cascos azules argentinos. Logramos que nos dejaran un rato solos para tener testimonios más frescos. "No se ve peligro", arguí. Por la noche solían escucharse disparos que iban de edificio a edificio, y algún francotirador aburrido tirando a algún trasnochado, o quizás enemigo. La topografía en los Balkanes es muy irregular, así que entramos en una suerte de plaza, en la que había un gran almaccén. Allí había un hombre grandote, bien puesto, que parecía ser el dueño de la cuadra. Marina se quedó hablando con su hija que sabía inglés, y yo me fui a ver unos tipos que jugaban billar en la calle, mientras tomaban cerveza. Con el primer scatto ya me pidieron el pasaporte. Eran varios, hacía calor, y si no eran amigable, tampoco se veía una gran foto que ameritara trabajar. - Hvala liepa, nasvidenje. _(muchas gracias, hasta luego), dije en mi primitivo esloveno. Pero un viento feroz, me trajo otro pedido, al darme vuelta. "¡Passport!" Será cuestión de mostrar, total es argentino y seguir viaje. Lo abri del otro lado de la mesa de billar. pero no bastó. Con la mano gordota, y panza de levantador de pesas, me llamó, mientras el resto se cercaba sobre mi, lentamente. Vamos por las buenas. Tomé por arriba el pasaporte, fuerte y lo puse delante de su cara. Transpiraba, él. Yo no sé. - Jaz sem argentinec. - (soy argentino). Pero el tipo quería tenerlo en sus manos. Es suficiente, me dije, media vuelta y antes que el cerco se pusiera durao pasé del otro lado de la mesa. Murmullos y señas, e instantáneamente varios brazos se me interpusieorn. Pasaporte extranjero (útil para salir de estas zonas), una cámara al hombro y otra al cuello, completaban el cuadro que podría convertirse en dinero o herramientas distractivas para estos serbios. Intenté seguir, pero de algún modo me giraron para volver al "capataz", acompañados de algunas piñas en las costillas y los riñones para que entrara en razón, lo cual me costó. Entonces, una patada voladora me pegó detrás de las piernas. No hay que caer, no hay que caer. En el piso estoy servido. Pero fue fuerte y lesiva. Hay que agarrarse de lo que sea. Entonces caí hacia adelante y logré agarrarme de algo fácil. El gordo en músculos, aterricé mi cara sobre su camista sudada. Me enderezaron, y las cámaras ya se se bamboleanban como collares de la Polienesia, no importaban tanto. El pasaporte estaba dentro del pantalón con algo de dinero. Tendrían que buscarlo. Entonces, sabiendo que los cascos azules estaban lejos grité '¡Marina, Marina!", para que intentara buscar ayuda o alguien que se apiade. Eran varios. Volvió el murmullo, pero esta vez más claro. Repetían su nombre: Marina. Entonces salieron todos del almacén. Marina, la joven hija del almacenero: Marina, y su padre. 1Ella se llamaba Marina! Primero explicaron los varios grandotes: pensamos que por su aspecto, y como hablaba mal el serbio, era un albanés infiltrado. Un espía vestido de periodista. Esa vez, Marina me salvó la vida.

Cézaro a los dos añitos. Los padres se empeñan en criarnos con amor y a veces devoción, para que uno salga a exponerse en la vida.

viernes, 7 de septiembre de 2012

LAS VIDAS
Nigromante malayo. 1999 El otro día contaba mi madre lo que más recordaba de mi infancia son las veces que me perdí. Una vez, me fui gateando del negocio y aparecí en un arenero de una obra en construcción, jugando, sino seguía de largo. Otra vez, me escapé de la mujer que me cuidaba y fui a parar a la comisaría, donde esperaba en la entrada con un cartelito que decía "este nene se perdió". No faltó la vez del miedo, que me fui y cuando salieron a buscarme, alguien dijo "vi a un hombre que se lo llevaba para allá" .... Pero volví a aparecer.
Luego habré arriesgado por mi cuenta muchas otras veces, siendo grande, todas inconcientemente. Al menos es lo que creo, aún deviendo ser conciente, o responsable.
Una que recuerdo fue la primera vez que subí al Aconcagua. Un novato, éramos tres, pero en Nido de Cóndores quedamos dos, y en Independencia a mi compañero se le congelaban las extremidades. Deliberamos, y como podía bajar solo, se quedó con la única cantimplora de líquido que teníamos. Seguí para arriba, y llegué, parece que nos esperaba una tormenta para el regreso, por eso entendí tarde porque éramos unos pocos ese día. Con un equipo medio primitivo, en cualquier momento algo podía pasar, y un cristal de nieve se metió en mi ojo derecho, y ya no pude ver. Lo habría y solo veía una nube. Lo llevé cerrado. Con el otro había podo para ver tormenta de nieve, nubes y hielo. Hacia la derecha había bajadas en tobogán que facilitaban el descenso. Suaves, apacibles, hermosas, salvadoras. Pero para seguir la ruta verdadera había que ir a la izquierda en el momento indicado, es decir en Piedras Blancas, para llegar a Berlín. El paisaje había cambiado, sobre todo no se veía nada, igual lo que se veía a en subida era distinto que en bajada. Pero no habia caso, de todos modos, se veía a menos de 20 metros. Calculé, o me dije que calculaba. Pero al final, decidí" es aquí.
Del otro lado estaba Berlín. Entré apresurado al refugio, pensando decir que si había muchos, uno más servía para abrigar. Pero había solo un polaco, que luego de querer enchufar el cartucho de gas para cocinarme, él mismo se encargó de hacerme una sopita. Dormí hasta el mediodía siguiente. Solo tuve conocimiento del riesgo cuando me reencontré con mis compañeros de aventura al bajar a Plaza de Mulas. Ahpi festejamos todos.
Rí Ganges, India 1998. Un hombre crema los restos de un pariente.